El joven apuntó con precisión un tiro que no podía fallar y regaló un delicado juego de dardos y un blanco. De esta manera, había vapuleado un espíritu de reminiscencias conspicuas, abortando posibles concepciones antagónicas, discrepando indiscretamente con toda raigambre primigenia. En fin, transgrediendo vínculos instintivos de humana vergüenza. Este narrador no merece el tormento de opiniones vacuas. Los amantes de la libertad, la igualdad y el orden no serán salvados del dolor más cruento, de la perversa agonía de ser humano. El miedo, sentimiento fascinante, es el motor del mundo y la especie humana. Historia, civilización, progreso, leyes, naciones, comercio, política, industria, lenguas, religiones, sueños y monogamia devienen de la primitiva sensación de miedo. La humanidad es el indefinido escape del miedo, todo artificio o cultura es un intento inviable por corporizar la fantasía de la seguridad. Almas y alarmas tienen la misma matriz.
jueves, noviembre 15, 2007
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