viernes, agosto 08, 2008
martes, agosto 05, 2008
El loco Cristaldo
No hacía frío, ni calor, no tenía fiebre, ni había estado enfermo, no había tenido pesadillas, ni tomado pastillas, no había viento norte, no había trasnochado; en fin, no tenía razones para quedarse dormido, pero para quedarse dormido no necesariamente deben buscarse motivos.
Esa mañana, demoró algo más de cincuenta minutos para vestirse y lavarse la cara, los dientes, mear y cebarse el primer mate. De pronto miró penetrante a los ojos de su mujer y le dijo: “Soy la aspereza que se junta entre los recuerdos que compiten por el cómodo rincón que le ofrece tu hemisferio derecho, justo sobre el hueco donde se asienta el cerebelo denunciante de vejámenes y estertores. Soy la costumbre sublevada al anonimato sempiterno al que fue obligada por la falsa antinomia entre el futurismo y la nostalgia. Soy la apatía de saber que de nada vale esperar nada de nadie. Soy el tiempo que se perdió en la infructuosa búsqueda por la virtud.”
Rosita no entendió nada, tampoco el patrón del campo, ni el médico que lo vino a ver esa tarde, ni los amigos de la despensa, ni Jaime Barylko, que tenía una quinta cerca y todos pensaron que se podían entender. Durante los siguientes días, Cristaldo siguió hablando un lúcido, críptico monólogo.
Lo llevaron para observación al pueblo, de ahí a la ciudad, de ahí al hospital escuela de la universidad, de ahí al neuro. Y de ahí no se sale.
...
Algunos dicen que hace tiempo lo intuía, pero nadie pudo asegurar que Cristaldo lo supiera: que gracias a esta extraña jugada de su desvarío genial, la linda Rosita logró liberarse al fin y vivir en pleno su romance con el dueño de la estancia, don Horacio Martínez Azcurra. Fin.
lunes, agosto 04, 2008
sábado, agosto 02, 2008
Variaciones sobre melisa y kd.
El loco Segovia.
Burbuja inmobiliaria
Al joven alumno de abogacía le gratificaba expresar su inconsistencia ciudadana. Reconfortado de vivir en épocas sin ideales, ni dioses, vivía el orgullo de la mediocridad. Comprar
cada día y venderse noche a noche. Simple. Sin embargo, se encontró cierto día con cierto tipo que parecía desvariar y descolocado lo siguió. La curiosidad le dilató el esfínter y ya nada fue igual.
El lado oscuro se ganó una nueva criatura. El rumano Gustav Aztorzyck, campesino de alta montaña, un día bajó al pueblo y dijo:
Escribía un castigado Manolo Galván: “de pronto me encuentro en la imperiosa necesidad de urgar en mi mente, la búsqueda de la expresión, fermentando vínculos neuronales, sin voluntades, sin precisiones, sin talento, sin inspiración… la frustración desinente…”
...Una mente de ferias y diligencias se asomó al balcón de los heroicos obtusos, mientras la fregona segregante buscaba algún jarabe para bajar la fiebre.
“Fue con el ingeniero Ricaverga, recordaba Enilasio, que recorrimos kilómetros y kilómetros de monte, allá por el 58, hasta llegar a un pueblo (se cree que es Indio Muerto), y ahí al dispensario de
domingo, julio 27, 2008
¿Cuánto tiempo más le llevaría a don Augusto Comte realizar su añorada revolución?
Habían pateado el tablero de la cordialidad y las buenas costumbres, eléctricas acrobacias de la fase agonal la habían vuelto inestable a los ojos vetustos de las señoras del barrio.
1:30 AM queria dejar comida para algunos días. fracaso. solo pudo hacer unos bifes de pechuga de pollo en una sarten con vino, verduras y h...
otoño


