martes, noviembre 11, 2008
sábado, noviembre 08, 2008
mascotas IV
un tipo pretendidamente duro pero que, en realidad, es de los de mucho kiriki y poco lerele
comedia de aires libérrimos, eres un niño en plena canícula,
repertorio de comicios gestuales, cuyas gamberradas ponen el contrapunto al drama que constituye la infantilización de un adulto para escapar de la realidad que le acecha y la inevitable maduración de un niño en forma de lúdico rito de paso... teta.
lunes, noviembre 03, 2008
linch y el bicho bolita
oda de amor y melancolía, admirable entrega pasional y alimento espiritual de los viernes a la luna... todo rebelde y voraz.
viernes, octubre 31, 2008
martes, octubre 28, 2008
Extractos de la historia bañados en jengibre.
En el quinto siglo de la antigua era, encontramos el más antiguo antecedente de "organización educativa" que se tenga registro. Aunque, seguramente, la denominación "organización educativa" sea inadecuada por lo desmesurada, ciertamente, es el pariente más lejano que se tenga conocimiento sobre la función de impartir educación.
En la Pacland -así se la llamaba a la primitiva escuela- no había registro de evaluaciones, de contenidos curriculares, ni organigrama o estructura. No había división por niveles o cursos, no había horarios ni recreos. ¡No había división en disciplinas o materias, ni controles o deberes!
Hay que tener en cuenta que la escuela estaba ubicada en una pequeña isla de Mandisovi, Okasa, habitada por la tribu de los "jahraimi". En la isla, no había registro de las personas, ni economía, ni distinción de casta o méritos, ni instituciones formales. Sin embargo, lograron la primer escuela (sabemos: no era ni por cerca una escuela, pero tiene el peso para la época, por tanto, digamos escuela para resumir)
En la Pacland no había profesores y alumnos, sino "hermanos" (la traducción exacta sería algo así como "encuentros suspendidos en la relatividad pulsional, integrados en cosmos", pero a lo que apunta dicha figura mística es a la relación generada entre los partipantes, equivalente a "hermanos" en nuestras sociedades desarrolladas). No habia autoridad ni obediencia. No era, sin embargo, una anarquía, sino algo así como pautas comunes implícitas básicas, que pasaban de generación en generación. Instintos primitivos que brindaban poder. Leyes de especie salvaje que no se concretaban en alguien en particular, sino en todos en los mismos grados, un poder que tenía ejercicio sólo sobre sí mismo. Eran todos jueces de sus propios actos, con los mismos "códigos de justicia". Obviamemente, esta filosofía hizo estragos en el futuro evolutivo de su tribu, hoy desaparecida, en relación a las tribus vecinas, volcadas en la actualidad a un fuerte desarrollo económico y financiero, brindando una buena calidad de vida a una buena parte de sus poblaciones.
Pacland era un lugar físico, ubicado casi en el centro de la tribu. Podía ser una carpa, la sombra de un árbol o la vera de un arroyo (periódicamente iba mudando de sitio). En la pacland se hacían encuentros no pautados, totalmente espontaneos. Esto es, llegaba un individuo y le hacía una pregunta a otro individuo, buscando saciar alguna duda. Si el otro podía responderle, lo hacía. En ese caso, este otro hacía otra pregunta para responder sus propias dudas, y así sucesivamente. Cuando ambos no tenían alguna respuesta, se acercaba un tercero y participaba de igual forma. Llegaban a juntarse casi medio centenar de participantes para las dudas más profundas. Al mismo tiempo, esta era una ceremonia cotidiana, ciertamente. Era casi el centro de la actividad social de la tribu, con una alta rotación de participantes y temas. Llegaba un momento en que los conocimientos circulantes eran compartidos por todos pero modificándose azarosamente. Por esta razón, no había noción de la verdad absoluta, sustento para la instalación de valores, y por tanto, no era buscada. La única verdad inherente era que la verdad no era una categoría significativa para los participantes de la pacland.
En fin, no existía la idea de progresión en los contenidos, ni de progreso en general. No había posibilidad de competencia ni superación, no había envidias pero tampoco ambiciones, no había entendimiento sobre el carácter productivo de la naturaleza de las sociedades ni de los hombres. Eso fue la prehistoria de la educación y la cultura.
Texto tomado de la "Historia de la derrota de Atari", de Romeo Argerich. Con prólogo del Dr. Vergatiesa, naturalmente.
En la Pacland -así se la llamaba a la primitiva escuela- no había registro de evaluaciones, de contenidos curriculares, ni organigrama o estructura. No había división por niveles o cursos, no había horarios ni recreos. ¡No había división en disciplinas o materias, ni controles o deberes!
Hay que tener en cuenta que la escuela estaba ubicada en una pequeña isla de Mandisovi, Okasa, habitada por la tribu de los "jahraimi". En la isla, no había registro de las personas, ni economía, ni distinción de casta o méritos, ni instituciones formales. Sin embargo, lograron la primer escuela (sabemos: no era ni por cerca una escuela, pero tiene el peso para la época, por tanto, digamos escuela para resumir)
En la Pacland no había profesores y alumnos, sino "hermanos" (la traducción exacta sería algo así como "encuentros suspendidos en la relatividad pulsional, integrados en cosmos", pero a lo que apunta dicha figura mística es a la relación generada entre los partipantes, equivalente a "hermanos" en nuestras sociedades desarrolladas). No habia autoridad ni obediencia. No era, sin embargo, una anarquía, sino algo así como pautas comunes implícitas básicas, que pasaban de generación en generación. Instintos primitivos que brindaban poder. Leyes de especie salvaje que no se concretaban en alguien en particular, sino en todos en los mismos grados, un poder que tenía ejercicio sólo sobre sí mismo. Eran todos jueces de sus propios actos, con los mismos "códigos de justicia". Obviamemente, esta filosofía hizo estragos en el futuro evolutivo de su tribu, hoy desaparecida, en relación a las tribus vecinas, volcadas en la actualidad a un fuerte desarrollo económico y financiero, brindando una buena calidad de vida a una buena parte de sus poblaciones.
Pacland era un lugar físico, ubicado casi en el centro de la tribu. Podía ser una carpa, la sombra de un árbol o la vera de un arroyo (periódicamente iba mudando de sitio). En la pacland se hacían encuentros no pautados, totalmente espontaneos. Esto es, llegaba un individuo y le hacía una pregunta a otro individuo, buscando saciar alguna duda. Si el otro podía responderle, lo hacía. En ese caso, este otro hacía otra pregunta para responder sus propias dudas, y así sucesivamente. Cuando ambos no tenían alguna respuesta, se acercaba un tercero y participaba de igual forma. Llegaban a juntarse casi medio centenar de participantes para las dudas más profundas. Al mismo tiempo, esta era una ceremonia cotidiana, ciertamente. Era casi el centro de la actividad social de la tribu, con una alta rotación de participantes y temas. Llegaba un momento en que los conocimientos circulantes eran compartidos por todos pero modificándose azarosamente. Por esta razón, no había noción de la verdad absoluta, sustento para la instalación de valores, y por tanto, no era buscada. La única verdad inherente era que la verdad no era una categoría significativa para los participantes de la pacland.
En fin, no existía la idea de progresión en los contenidos, ni de progreso en general. No había posibilidad de competencia ni superación, no había envidias pero tampoco ambiciones, no había entendimiento sobre el carácter productivo de la naturaleza de las sociedades ni de los hombres. Eso fue la prehistoria de la educación y la cultura.
Texto tomado de la "Historia de la derrota de Atari", de Romeo Argerich. Con prólogo del Dr. Vergatiesa, naturalmente.
domingo, octubre 26, 2008
miércoles, octubre 22, 2008
martes, octubre 21, 2008
jueves, octubre 16, 2008
Un muerto no famoso. Del rock.
Nuevediario. -Ha ocurrido un accidente fatal en la intersección de Coronel Díaz y Concejal Veiga, del barrio carioca de El Toronjal, este es el informe en vivo, de José Luis Uriberti, adelante José Luis.
-Gracias, Guillermo. Estamos aquí, como bien decías en la esquina de Viamonte y Belgrado, a tan sólo dos cuadras del estadio de los Calcetines Colorados de Kiev; en el que hace unos treinta minutos colisionaron un Taunus rojo con una inscripción en los laterales que diecía "los precios locos de satán" y dos calaveras en el techo y el capó, respectivamente; y una bicicleta conducida por un jóven de aproximadamente veintisiete años, quien falleció instantaneamente, mientras que el conductor del taunus -que viajaba solo- resultó ileso. La señora Malena, vecina de la cuadra, fue testigo del accidente. Buenas tardes, Malena, ¿podría contarnos que fue lo que vio?
-Bueno, yo justo venía saliendo del almacen de ahí, a mitad de cuadra, ese que tiene el cartel afuera, cuando lo crucé a Juanito, el muchacho que venía en la bicicleta, lo saludé, pero como siempre andaba un poco en las nubes no me vio, como tampoco el del taunus lo vio a él. Supongo que no lo vio, porque si no hubiera frenado, no lo hubiera chocado a propósito ¿no? Oh, era un amor ese muchacho. Andaba siempre fumando chalita buena, y tocaba siempre la guitarrita esa que llevaba... toda destruida quedó.
-Un bajo, dice usted.
-Eso. Se juntaban con los otros chicos: los fumancheros de la banda, a ensayar en la casa de la familia Bordet, porque resulta que tienen un garage que lo usan para el conjunto musical, porque ellos no tienen auto, o mejor dicho, tenían, pero el año pasado se los quitó el banco y entonces andaban a pie o en bicicleta, como Juanito, pobrecito, no se si vio como quedó.
-Precisamente, nuestros televidentes, están observando la imagen del cadaver del joven de veintisiete años, que venía, como todos los días, en el último año a compartir una vocación inutil quizás, pero respetable de juntarse con sus amigos a tocar música de rock. Imágenes realmente crudas, que muestran una realidad difícil y que vemos en los índices que continuamente crecen de las muertes por accidente de tránsito.
-En realidad no se juntaban todos los días, creo que era martes, jueves y a veces los sábados, le digo porque se escuchaba fuerte la música. Y a veces tenían presentaciones en discotecas, creo.
-Usted hace un rato, hacía referencia que el muchacho consumía drogas, ¿conocía algo más al respecto?
-Si, que compraban al gringo Marciliani que vive allá, en la otra cuadra, ¿ve? el le vende a todo el barrio y además tiene una despensita, una mujer y tres nenas que van a la escuela. La macoña que vende es muy noble, mucho mejor que la de los Quintana, que ya me ha llegado el rumor que la mezclan con yuyo silvestre para que rinda más. Los Marciliani son buena gente. A veces charlo con la chica, la Lucía, la mujer. Son muy atentos, y yo los supe conocer a los padres de ella. A Marciliani le gusta mucho el automovilismo, anda siempre con una campera que dice Chevrolet, creo.
-¿Podría, supone usted, tratarse de un ajuste de cuentas por algún asunto de drogas?
-Mm, eso no lo había pensado, seguro que sí.
-Aunque, por la información que nos da, apunta también a otra posibilidad: que la rivalidad de las marcas ford y chevrolet se haya instalado a muerte en este barrio y como en toda violencia siempre un inocente es el que sufre, en este caso el joven Juanito.
-Si eso también.
-Y quizás lo más convincente sea pues una rivalidad o competencia en varios frentes: el fanatismo automovilístico y la venta de estupefacientes, entre el señor Marciliani y el conductor del Taunus. Quizás Juanito era conocido de ambos y jugó alguna mala pasada al hombre del taunus, quizás sólo estaba en el lugar y el momento incorrecto. De todas formas, la vida de este joven idealista estaba sentenciada de antemano ¿Es correcto?
-Si, de antemano.
-¿Algo más que desee agregar del accidente, señora?
-Si, claro: quiero decir que es de no creer que la municipalidad no haya puesto todavía un semáforo en esta esquina, porque esta muerte no es la primera acá, la otra vez, venía un taxi por aquella, por Riobamba y dobló con todo y se llevó puesta una nenita que llevaba una muñeca en la mano y estaba aprendiendo a cruzar la calle, el misterio fue que nunca encontraron la muñeca. Yo no se qué están esperando, ¿que se muera otro más?
-Ahí está entonces el reclamo de la señora Malena, a la municipalidad de Blas Pereyra, reclamo al cual no sumamos como medio de comunicación comprometido con la realidad de miles y miles de vecinos que como usted o como yo -o como Juanito si todavía viviera- tienen miedo de salir a la calle y bajar la vereda.
-¡Ah si! acá todos vivimos con miedo, en estos tiempos, salgo a la calle y no se sabe que le pueden hacer a una.
-Para finalizar, debemos decir, que el joven ha sido identificado como Juanito Laguna, bajista del grupo rockero "los molares de segovia", un joven que tenía una vida por delante, una vida de familia, proyectos y satisfacciones truncados por el cóctel fatal entre las drogas, el fanatismo por el TC y el rock. Por otro lado, el hombre que conducía el taunus, sería ni más ni menos que Chiche Zlotowiazda, el famoso y querido relator de rugbie del ascenso; quien estaría siendo demorado en la comisaría 4º de Güemes. Volvemos al piso.
-No hay más novedades, para esta edición. Ustedes sigan con "La vida a capela", nosotros nos reencontramos dios mediante mañana. Muchas Gracias.
-Bueno, yo justo venía saliendo del almacen de ahí, a mitad de cuadra, ese que tiene el cartel afuera, cuando lo crucé a Juanito, el muchacho que venía en la bicicleta, lo saludé, pero como siempre andaba un poco en las nubes no me vio, como tampoco el del taunus lo vio a él. Supongo que no lo vio, porque si no hubiera frenado, no lo hubiera chocado a propósito ¿no? Oh, era un amor ese muchacho. Andaba siempre fumando chalita buena, y tocaba siempre la guitarrita esa que llevaba... toda destruida quedó.
-Un bajo, dice usted.
-Eso. Se juntaban con los otros chicos: los fumancheros de la banda, a ensayar en la casa de la familia Bordet, porque resulta que tienen un garage que lo usan para el conjunto musical, porque ellos no tienen auto, o mejor dicho, tenían, pero el año pasado se los quitó el banco y entonces andaban a pie o en bicicleta, como Juanito, pobrecito, no se si vio como quedó.
-Precisamente, nuestros televidentes, están observando la imagen del cadaver del joven de veintisiete años, que venía, como todos los días, en el último año a compartir una vocación inutil quizás, pero respetable de juntarse con sus amigos a tocar música de rock. Imágenes realmente crudas, que muestran una realidad difícil y que vemos en los índices que continuamente crecen de las muertes por accidente de tránsito.
-En realidad no se juntaban todos los días, creo que era martes, jueves y a veces los sábados, le digo porque se escuchaba fuerte la música. Y a veces tenían presentaciones en discotecas, creo.
-Usted hace un rato, hacía referencia que el muchacho consumía drogas, ¿conocía algo más al respecto?
-Si, que compraban al gringo Marciliani que vive allá, en la otra cuadra, ¿ve? el le vende a todo el barrio y además tiene una despensita, una mujer y tres nenas que van a la escuela. La macoña que vende es muy noble, mucho mejor que la de los Quintana, que ya me ha llegado el rumor que la mezclan con yuyo silvestre para que rinda más. Los Marciliani son buena gente. A veces charlo con la chica, la Lucía, la mujer. Son muy atentos, y yo los supe conocer a los padres de ella. A Marciliani le gusta mucho el automovilismo, anda siempre con una campera que dice Chevrolet, creo.
-¿Podría, supone usted, tratarse de un ajuste de cuentas por algún asunto de drogas?
-Mm, eso no lo había pensado, seguro que sí.
-Aunque, por la información que nos da, apunta también a otra posibilidad: que la rivalidad de las marcas ford y chevrolet se haya instalado a muerte en este barrio y como en toda violencia siempre un inocente es el que sufre, en este caso el joven Juanito.
-Si eso también.
-Y quizás lo más convincente sea pues una rivalidad o competencia en varios frentes: el fanatismo automovilístico y la venta de estupefacientes, entre el señor Marciliani y el conductor del Taunus. Quizás Juanito era conocido de ambos y jugó alguna mala pasada al hombre del taunus, quizás sólo estaba en el lugar y el momento incorrecto. De todas formas, la vida de este joven idealista estaba sentenciada de antemano ¿Es correcto?
-Si, de antemano.
-¿Algo más que desee agregar del accidente, señora?
-Si, claro: quiero decir que es de no creer que la municipalidad no haya puesto todavía un semáforo en esta esquina, porque esta muerte no es la primera acá, la otra vez, venía un taxi por aquella, por Riobamba y dobló con todo y se llevó puesta una nenita que llevaba una muñeca en la mano y estaba aprendiendo a cruzar la calle, el misterio fue que nunca encontraron la muñeca. Yo no se qué están esperando, ¿que se muera otro más?
-Ahí está entonces el reclamo de la señora Malena, a la municipalidad de Blas Pereyra, reclamo al cual no sumamos como medio de comunicación comprometido con la realidad de miles y miles de vecinos que como usted o como yo -o como Juanito si todavía viviera- tienen miedo de salir a la calle y bajar la vereda.
-¡Ah si! acá todos vivimos con miedo, en estos tiempos, salgo a la calle y no se sabe que le pueden hacer a una.
-Para finalizar, debemos decir, que el joven ha sido identificado como Juanito Laguna, bajista del grupo rockero "los molares de segovia", un joven que tenía una vida por delante, una vida de familia, proyectos y satisfacciones truncados por el cóctel fatal entre las drogas, el fanatismo por el TC y el rock. Por otro lado, el hombre que conducía el taunus, sería ni más ni menos que Chiche Zlotowiazda, el famoso y querido relator de rugbie del ascenso; quien estaría siendo demorado en la comisaría 4º de Güemes. Volvemos al piso.
-No hay más novedades, para esta edición. Ustedes sigan con "La vida a capela", nosotros nos reencontramos dios mediante mañana. Muchas Gracias.
En su honor dijo Ambar Piedrabuena, el primer intelectual travesti de la zona norte: "Mientras duró su mandato, transformó su negro destino en una sonrisa comprada en una publicidad de Kolinos."
Hoy, una década después de su gesta, cuando su cuarto de hora de fama hace rato desembocó en un ostracismo que, cual condena mítica, borró hasta su nombre real, lo recordamos y nos preguntamos por él: ¿cuál será su nick en messenger?, ¿reenviará las cadenas de mails contra el gobierno o apoyando al campo?, ¿habrá saldado su deuda con el sistema valot?, ¿habrá comprado en estos años algún traje nuevo, cruzado y que le siente bien?
Como vil trofeo del saqueo, la puerta de algunos baños de los impertinentes, amantes del odio y del pasado, aún ostentan este cartel, cobardemente sustraído de las épocas más higiénicas que haya conocido la noble casa altos estudios de Balcarce. Como una vuelta contradictoria de los discursos, aquí tomamos una imagen clandestina para homenajearlo, porque como todos saben, el señor Figueredo (si es que ese era su verdadero apellido) era muy bien educado, de buena familia y nunca olvidaba decir gracias.
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1:30 AM queria dejar comida para algunos días. fracaso. solo pudo hacer unos bifes de pechuga de pollo en una sarten con vino, verduras y h...
otoño
